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“NADIE ESTÁ PREPARADO PARA ESTE TIPO DE NOTICIAS.” Lionel Messi recibió una llamada a las 3:15 a.m. de su mamá, Celia María, y ella estaba sollozando. Al otro lado de la línea, le dio la desgarradora noticia sobre su papá, Jorge. Incluso las estrellas más grandes pueden ver su mundo patas arriba en un instante, y para Messi, este fue uno de esos momentos. Lee más abajo.

“NADIE ESTÁ PREPARADO PARA ESTE TIPO DE NOTICIAS.” Lionel Messi recibió una llamada a las 3:15 a.m. de su mamá, Celia María, y ella estaba sollozando. Al otro lado de la línea, le dio la desgarradora noticia sobre su papá, Jorge. Incluso las estrellas más grandes pueden ver su mundo patas arriba en un instante, y para Messi, este fue uno de esos momentos. Lee más abajo.

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“NADIE ESTÁ PREPARADO PARA ESTE TIPO DE NOTICIAS.” Lionel Messi recibió una llamada a las 3:15 a.m. de su mamá, Celia María, y ella estaba sollozando. Al otro lado de la línea, le dio la desgarradora noticia sobre su papá, Jorge. Incluso las estrellas más grandes pueden ver su mundo patas arriba en un instante, y para Messi, este fue uno de esos momentos. Lee más abajo.

La madrugada del 22 de febrero de 2026 se convirtió en un punto de inflexión irreversible para Lionel Messi. El teléfono vibró en la mesita de noche de su residencia en Fort Lauderdale, Florida, rompiendo el silencio profundo de la noche. Era su madre, Celia María Cuccittini, quien rara vez llama a esas horas a menos que algo grave ocurra. Cuando Messi contestó, lo primero que oyó fueron sollozos entrecortados, una voz quebrada que apenas lograba articular palabras coherentes. “Leo… tu papá… Jorge… no está bien… se fue”, murmuró Celia entre lágrimas. El silencio que siguió fue ensordecedor.

El siete veces Balón de Oro, el hombre que ha enfrentado presiones continentales, finales mundialistas y lesiones devastadoras, sintió por primera vez en mucho tiempo que el suelo se abría bajo sus pies.

Jorge Messi, el padre que lo guió desde los primeros pasos en las canchas de Grandoli, el hombre que negoció su traspaso al Barcelona cuando Lionel era apenas un niño con problemas de crecimiento, el representante fiel que siempre priorizó la familia por encima de cualquier contrato millonario, había fallecido inesperadamente. La noticia no llegó con previo aviso ni con una enfermedad prolongada que permitiera prepararse emocionalmente. Según fuentes cercanas a la familia, Jorge había estado lidiando con un problema de salud desde inicios de 2026, un cuadro que generó preocupación pero que la familia manejaba con discreción absoluta.

Interconsultas en Estados Unidos y Argentina, traslados urgentes a Rosario, estudios en sanatorios privados… todo se mantuvo en el más estricto hermetismo. Nadie imaginaba que el desenlace sería tan repentino.

Messi, aún adormilado pero con el corazón acelerado, intentó calmar a su madre mientras procesaba la información. “Mamá, tranquila… voy para allá ahora mismo”, le dijo con voz temblorosa. Colgó y, sin dudarlo, despertó a Antonela Roccuzzo, su esposa, quien al ver su rostro supo inmediatamente que algo terrible había pasado. En minutos, la casa se llenó de un silencio pesado interrumpido solo por llamadas a familiares y preparativos de viaje. El Inter Miami, club donde Messi juega actualmente, fue notificado de inmediato.

El entrenador y la directiva ofrecieron todo el apoyo logístico posible: un avión privado despegó esa misma madrugada rumbo a Argentina con destino a Rosario, la ciudad natal de la familia Messi.

El viaje transcurrió en una atmósfera de incredulidad. Messi, sentado junto a la ventanilla, repasaba mentalmente miles de recuerdos: las tardes en que Jorge lo llevaba a entrenar bajo la lluvia, las discusiones sobre tácticas después de cada partido, las noches en que su padre le repetía “vos podés ser el mejor del mundo, pero nunca dejes de ser humilde”. Jorge no era solo un padre; era su primer entrenador, su manager, su confidente y, en muchas ocasiones, su escudo protector frente a la fama desbordante.

Perderlo así, de golpe, sin poder despedirse adecuadamente, era un golpe que ni el fútbol ni los trofeos podían amortiguar.

Al llegar a Rosario, la familia se reunió en la casa familiar de la calle Lavalleja. Celia María, rodeada de sus hijos —Rodrigo, Matías, María Sol y ahora Lionel—, intentaba mantener la compostura mientras recibía el pésame de parientes y amigos cercanos. La noticia ya había comenzado a filtrarse en redes sociales y medios, aunque la familia pidió respeto y privacidad en estos momentos de dolor. Sin embargo, el impacto mundial fue inmediato. En cuestión de horas, hashtags como #FuerzaMessi, #DescansaJorge y #GraciasJorge inundaron las plataformas digitales. Jugadores, entrenadores, presidentes de clubes e incluso mandatarios enviaron mensajes de condolencias.

Desde Cristiano Ronaldo hasta Kylian Mbappé, pasando por Diego Simeone y Pep Guardiola, todos reconocieron el rol fundamental que Jorge tuvo en la carrera y en la vida de Lionel.

Jorge Horacio Messi nació en 1958 en Rosario y dedicó gran parte de su vida al trabajo en la siderúrgica Acindar, donde conoció a Celia. Juntos formaron una familia humilde pero unida, y cuando Lionel mostró su talento precoz, Jorge dejó todo para acompañarlo en su sueño. En 2000, con solo 13 años, Lionel fue diagnosticado con déficit de hormona de crecimiento, un tratamiento costoso que la familia no podía costear. Jorge negoció con el Barcelona la llegada del niño a La Masia, mudándose con él a España.

Desde entonces, fue su sombra: en cada rueda de prensa, en cada firma de contrato, en cada celebración de título. “Mi viejo siempre fue muy crítico conmigo, pero eso me hizo superarme”, dijo Messi en una entrevista años atrás. “Sabía que él creía en mí más que nadie”.

El funeral se realizó de manera íntima en el cementerio Jardín de Paz de Rosario, con la presencia exclusiva de familiares y amigos muy cercanos. No hubo cámaras ni periodistas autorizados. Messi, visiblemente afectado, pronunció unas breves palabras junto al ataúd: “Papá, gracias por todo. Me enseñaste a jugar, a ganar, pero sobre todo a ser persona. Te extraño ya”. Antonela y los hijos pequeños —Thiago, Mateo y Ciro— lo acompañaron en silencio, abrazándolo en cada momento de debilidad.

El mundo del fútbol se detuvo por un instante. La MLS suspendió temporalmente los entrenamientos del Inter Miami, y la Conmebol y la FIFA enviaron notas oficiales de pésame. En Argentina, el presidente decretó un día de duelo nacional por el padre del máximo ídolo deportivo del país. Pero más allá de los gestos institucionales, lo que más conmovió fue la ola de mensajes de fans comunes: miles de personas dejaron velas y camisetas en la puerta de la casa familiar, en el club Grandoli y en el Monumento a la Bandera.

“Jorge fue el papá de todos nosotros porque nos dio a Leo”, escribió un hincha en redes.

Para Messi, el duelo apenas comienza. Regresará a las canchas cuando esté listo, pero algo ha cambiado para siempre. El hombre que parecía invencible en el verde césped ahora enfrenta la realidad más cruda: la pérdida irreparable. Celia María, con la fortaleza que siempre la caracterizó, le dijo en una de esas noches interminables: “Tu papá estaría orgulloso de verte seguir adelante”. Y Messi, con los ojos enrojecidos, asintió. Porque sabe que Jorge no querría verlo detenido.

La vida sigue, el fútbol sigue, pero una parte de Lionel se fue con su padre esa madrugada del 22 de febrero. Nadie está preparado para este tipo de noticias, ni siquiera el mejor jugador de la historia. Solo queda honrar su memoria, jugar con el corazón y recordar que, detrás de cada gol, cada trofeo y cada sonrisa, siempre estuvo Jorge Messi, el hombre que creyó primero.